Érase una vez, una princesa valiente…
Espera un momento! ¿Princesa? ¿Valiente? ¿Acaso es un chiste? Si lo es, reconozco que tiene gracia, porque ni soy princesa, ni mucho menos valiente. Aclarado este punto, ya me puedo presentar. Me llamo Ariel, tengo veintiocho años y vivo en Tenerife; aunque en realidad soy de Fuerteventura, donde me crió mi madre sola y lo mejor que pudo, teniendo en cuenta que mi padre estaba más bien ausente.
En cuanto a mi vida hay poco que contar, cuando no estoy surfeando es la música la que absorbe mi tiempo. Soy la vocalista de Cantos de sirena, el grupo que formé junto a mi mejor amigo Sebas hace ya ocho años. Él es el que mejor me conoce, incluyendo la peor parte de mí, esa que me esfuerzo por olvidar utilizando para ello el surf, la música, o en su defecto el sexo. «Evadir» es mi segundo nombre, de ahí la razón de que esté como estoy, es decir, jodida; y la causa de que la doctora Marín me animara, después de siete meses de terapia, a usar un diario con la intención de enfrentarme a todo eso que me he empeñado por relegar a un rincón de mi mente.
Y por si no tuviera suficiente con esto, aparece Eric, haciendo una entrada que no podría dejar indiferente a nadie; a nadie que estuviera en ese momento, ese día y ese mes de ese año en esa playa. Tenía que haber huido antes tal y como tenía pensado, claramente lo hice demasiado tarde, después de que sus mágicos ojos verdes me encontraran, pero entonces ya no hubo vuelta atrás, y por mucho que saliera corriendo un abismo ya se había abierto bajo mis pies.
CANTOS DE UNA SIRENA (Ariel 2)
Érase una vez, una princesa valiente…
¿Qué hago una vez que mi mejor amigo me dé un ultimátum y Eric desaparezca tras descubrir la peor una parte de mí? Huir. Marcharme a Fuerteventura y iniciar una nueva vida. Nuevo hogar, nuevo trabajo, nuevos amigos. El propósito inicial de este viaje es tomar una resolución a este respecto de todo lo ocurrido, si bien sin prisa, consiguiendo en estos prácticamente 3 meses hacer aun silenciar a Úrsula. Mas irme a vivir a casa de mamá tiene un hándicap, que te fuerza a ver todo lo que no deseas, empujándote sí o bien sí de vuelta a casa (a la de veras), pues según parece no hago más que dar palos de ciego y mi sitio no está en esta isla.
La vuelta a Tenerife no se me presenta nada simple, mas tras una reveladora charla con mi madre, decido que supondrá un punto de inflexión y que, por vez primera, voy a comenzar a hacer las cosas bien. Y, para esto, hay 2 personas con las que necesito hablar: Eric, del que no he sabido nada desde el instante en que hallé ese sobre en el buzón de mi casa y Sebas, al que he ignorado a propósito a lo largo de estos últimos meses. Además de esto, Cantos de sirena está a puntito de disolverse y hace falta tomar una resolución a este respecto. Todo esto precisa de mí que haga eso que tan poco me agrada hacer: enfrentar.
Muchas cosas sucederán, mas, seguramente, el acontencimiento más esencial de esta etapa de mi vida va a ser un viaje que me voy a ver obligada a hacer que, para bien o bien para mal, lo cambiará todo por siempre.
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